El renacimiento del Trabajo Social

renacimiento trabajo social

 2 mins de aprendizaje


Nuestra profesión, el Trabajo Social, está obligado a estar unido a las personas y cómo estás se desarrollan en la sociedad.

La sociedad es cambiante y, por lo tanto, lo es nuestra profesión. Actualmente, nos encontramos en un nuevo nacimiento del Trabajo Social y tenemos que decidir hacia dónde queremos caminar.

El primer nacimiento del Trabajo Social.

Debemos recordar el momento de mayor expansión y explosión de nuestra profesión. Para ello, debemos retroceder unos cuantos años y situarnos en el Siglo XIX.

La revolución industrial había traído un desajuste social, y con ello, un aumento considerable de la pobreza. Cuando hay pobreza, hay malestar. Y cuando hay malestar, hay caos.

Cualquier crisis social, ya sea económica, ecológica, por epidemias, por guerras o de creencias y valores, sacude a las personas, quienes deciden revolverse contra el sistema.

Y el sistema, lo que menos necesita, es un levantamiento.

Por eso, por aquel entonces el Trabajo Social asume un gran protagonismo, el Estado necesita de un orden y una regulación.

El Trabajo Social, y nosotros fuimos, ese dique de contención, ese muro que sustentó, ese ajuste que las personas necesitaban.

Fuimos un órgano de control, y a día de hoy, el control al pobre, continúa.

En aquel entonces, fue necesario “reactivar los recursos de la comunidad para ponerlos a disposición de la necesidad individual” (Swithum Bowers, 1940).

El reconocimiento del Trabajo Social

Debemos recordar que los orígenes de nuestra profesión se encuentran en la beneficencia. En aquel acto altruista, donde si quieres ayudas y si no quieres, no; y no pasa nada.

Con el Estado de Bienestar se reconoce que las personas tienen derechos. Pasamos de ofrecer beneficencia a ofrecer recursos basados en derechos.

Por lo tanto, el Trabajo Social empieza a tener ese reconocimiento de la sociedad. Por un lado, de las personas que nos ven como “repartidores” de recursos; y, por otro lado, los que nos ven como instrumento de control.

Así nos ven ellos. Mientras que nosotras nos vemos como profesión con base científica, que utiliza distintos instrumentos para analizar la situación de la persona, realizando así un diagnóstico en Trabajo Social; planteamos una serie de objetivos para mejorar la situación (plan de intervención) y ponemos a disposición de las personas los recursos necesarios. Y sí, siempre teniendo en cuenta la relación de la persona con el entorno. 

Es decir, por fin se vio la importancia y la necesidad de una organización institucional más allá de la ayuda voluntaria.

En resumen, se ha conseguido huir del caos, poner orden y tener un control de las personas en una sociedad “libre”. 

Una nueva oportunidad para el Trabajo Social

Crisis económica del 2008, crisis sanitaria del 2019, crisis económica postpandemia, guerras… el caos está volviendo.

En este momento nos encontramos en una nueva etapa de crisis, donde el caos se está conteniendo… aunque los muros empiezan a agrietarse.

El Estado de Bienestar o los recursos como el Ingreso Mínimo Vital están paliando las consecuencias. Pero, ¿será suficiente?, creo que no.

Grandes listas de espera para ser atendido, ayudas sociales que llegan tarde (o nunca), recursos sociales limitados, personal funcionario abatido y bajas sin cubrir… el panorama no pinta bien.

A todo ello, debemos sumar otra revolución. Si en el Siglo XIX fue la industrial, ahora estamos en la tecnología, como por ejemplo la Inteligencia Artificial.

La desigualdad económica, la brecha digital o la dificultad de acceder a los recursos sigue creciendo.

Y, desde mi punto de vista, el actual sistema no puede soportarlo todo.

Es aquí donde creo que entra una nueva oportunidad para el Trabajo Social. Un modelo hibrido entre lo público y lo privado. Donde se garanticen los derechos y que se cubran las necesidades de las personas más allá de las económicas.

Es necesario que las personas, las familias o las empresas sean conscientes que el Trabajo Social es la profesión que puede acompañar a una persona en un momento complicado (repito, sin tener que ser económico).

Nuestra labor pasa por analizar la situación, tener en cuenta el entorno y poner los recursos a disposición.

Los nuevos retos sociales

Como comentaba anteriormente, tenemos nuevos retos a los que hacer frente. 

Por un lado, nos encontramos con una nueva manera de relación familiar. El aumento carga de trabajo, la falta de tiempo para la crianza, la falta de apoyo de la familia extensa… supone un gran reto para las familias.

Los retos tecnológicos, como pueda ser el acceso a internet, las redes sociales, el metaverso o la Inteligencia artificial, son también un aspecto que debemos tener en cuenta en nuestra profesión.

Los procesos migratorios, el duelo migratorio, la adaptación al nuevo entorno…

Tampoco debemos olvidarnos que vivimos en un mundo globalizado, donde lo local se globaliza y lo global se localiza. Donde un pequeño acto en un rincón del planeta, puede tener grandes consecuencias a miles de kilómetros.

En definitiva, tenemos una nueva oportunidad para desarrollarnos como profesión en más de cien ámbitos, tanto desde lo público como desde lo privado, y con cada vez más fuerza el emprendimiento.

Es nuestra responsabilidad como profesión decidir hacia donde queremos mirar. Es responsabilidad de los colegios y del Consejo, seguir mirando únicamente a un alado del cubo (los servicios sociales) o ver el resto de caras.

Porque si nosotros no afrontamos estos retos, los harán otras profesiones. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *