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El papel del Trabajo Social ante la actual situación que los menores no acompañados viven durante su infancia a la hora de cruzar una frontera.
No hay día que en la televisión o en los periódicos no leamos una noticia relacionada con los menores extranjeros no acompañados que buscan una oportunidad laboral, aunque sea a costa de su vida.
Además, también nos toca escuchar a políticos hacer juicios de valor sobre estas personas, creando discursos de odio. Eso sí, se olvidan de lo más importante: esa infancia perdida.
Hace unos días pude leer un libro titulado: Los derechos de los menores extranjeros no acompañados en la frontera, Normativa internacional y práctica española a la luz de la jurisprudencia del Comité de los Derechos del Niño y de los Tribunales Europeos (Valentina Milano).
En este artículo, quiero compartir algunos aspectos importantes sobre esta obra.
Venga, te dejo que te saltes alguna parte...
La realidad de los Menores Extranjeros No Acompañados
El libro Los derechos de los menores extranjeros no acompañados en la frontera, de la profesora Valentina Milano, nos invita a mirar más allá de las cifras y las leyes. Nos recuerda que cada una de estas vidas lleva consigo una pregunta urgente: ¿qué hacemos como sociedad cuando un niño toca nuestra puerta buscando protección?
Entre la ley y la práctica
Sobre el papel, el sistema internacional parece claro. La Convención sobre los Derechos del Niño establece que el interés superior del menor debe guiar todas las decisiones. Reconoce su derecho a la vida, a la salud, a la educación y a solicitar asilo. Europa también ha desarrollado un entramado normativo para asegurar su protección.
Sin embargo, cuando miramos la realidad española, la distancia entre norma y práctica se vuelve dolorosamente evidente. El libro describe con detalle cómo muchos de estos menores se enfrentan a procedimientos de determinación de edad que los tratan como sospechosos, sometiéndolos a pruebas médicas cuestionadas por organismos internacionales. Otros terminan en centros de internamiento junto a adultos, o son devueltos sin las garantías que marca el derecho internacional.
España, uno de los países europeos que más menores recibe, ha acumulado un número significativo de dictámenes en su contra por parte del Comité de los Derechos del Niño de la ONU. Una señal clara de que todavía queda mucho camino por recorrer.
Europa en la encrucijada
La mirada de Valentina Milano no se limita a nuestro país. También analiza el papel de la Unión Europea y su reciente Pacto de Migración y Asilo. La gran promesa es una gestión más ordenada y solidaria, pero la realidad es que muchas medidas siguen priorizando el control fronterizo por encima de la protección de los más vulnerables.
Los menores no acompañados, advierte la autora, quedan atrapados en este enfoque. Se habla de procedimientos rápidos de triaje en frontera, de retornos acelerados, de cuotas de acogida… pero pocas veces de su derecho a crecer con dignidad y en seguridad.
Una cuestión de humanidad
Lo más valioso de esta obra es que no se queda en la fría descripción jurídica. A través del repaso de la jurisprudencia y de los dictámenes internacionales, nos coloca frente a una verdad incómoda: los menores migrantes no acompañados son tratados demasiadas veces como un problema a gestionar y no como lo que realmente son: niños que necesitan cuidado, afecto y oportunidades.
El debate sobre si España cumple o no con sus obligaciones internacionales es importante, pero detrás de él late una pregunta más profunda: ¿estamos dispuestos, como sociedad, a poner a la infancia en el centro de nuestras decisiones?
Un llamado urgente
Los derechos de los menores extranjeros no acompañados en la frontera es más que un libro de derecho. Es una llamada a la responsabilidad ética y política. Nos recuerda que proteger a estos menores no es solo cumplir con tratados internacionales, es también un acto de humanidad.
Cada niño que cruza una frontera solo, cargando con el miedo y la esperanza, nos interpela. Porque su futuro depende en gran medida de la respuesta que demos hoy. Y porque, al final, la forma en que tratamos a quienes llegan más desprotegidos dice mucho de quiénes somos como sociedad.
La labor del Trabajo Social
El Trabajo Social se convierte en una pieza clave en la atención a los menores extranjeros no acompañados. No se trata únicamente de acompañarlos en sus trámites administrativos o legales, sino de reconocerlos como sujetos de derechos, con historias propias y necesidades específicas. Las y los trabajadores sociales actuamos como puentes entre estos niños y adolescentes y el sistema de protección, garantizando que reciban atención sanitaria, educativa y emocional desde el primer momento.
Además, el trabajo social tiene la misión de escuchar y dar voz a los menores. En muchos casos, son adolescentes que han vivido experiencias de violencia, desplazamiento y pérdida, lo que requiere un acompañamiento sensible y respetuoso. El enfoque profesional se centra en generar confianza, en ofrecer un espacio seguro donde puedan expresar sus miedos y expectativas, y en diseñar itinerarios de integración que respeten su cultura, su identidad y sus sueños.
Por último, el papel del Trabajo Social no se limita al ámbito individual, sino que también tiene una dimensión comunitaria y política. Las y los profesionales están llamados a denunciar las vulneraciones de derechos, a promover cambios normativos y a sensibilizar a la sociedad sobre la realidad de la infancia migrante. Así, su labor trasciende lo asistencial y se convierte en una acción transformadora, que busca construir entornos más inclusivos y solidarios para quienes llegan a nuestras fronteras en condiciones de extrema vulnerabilidad.
3 actividades que hacer desde la intervención social
1. Talleres de bienvenida y orientación práctica
Diseñar espacios grupales donde los menores recién llegados puedan recibir información clara y adaptada a su edad sobre sus derechos, recursos disponibles y funcionamiento del sistema de protección. Estos talleres pueden incluir dinámicas participativas, materiales visuales y juegos de rol para que comprendan mejor cómo desenvolverse en su nuevo entorno.
2. Programas de mentoría comunitaria
Crear redes de apoyo entre jóvenes migrantes y adolescentes autóctonos o con más tiempo en el país. A través de actividades culturales, deportivas o educativas, se fomenta la integración, el aprendizaje mutuo y la reducción de prejuicios. El trabajo social aquí actúa como mediador, asegurando un acompañamiento respetuoso y enriquecedor para ambas partes.
3. Espacios de participación y narración de historias
Organizar encuentros creativos (teatro, escritura, fotografía, podcasts) donde los menores puedan contar sus experiencias y expresar sus emociones. Estos espacios no solo tienen un valor terapéutico y de empoderamiento, sino que también sirven como herramientas de sensibilización para la sociedad, mostrando la voz de los propios protagonistas.
Formación especializada
Ya sabes que todos los domingos comparto distintas ofertas de empleo a través de mi página web. Y llevo tiempo observando, que cada vez hay más oportunidades laborales dentro de este ámbito.
Por ello, te comparto distintas formaciones que me parecen clave para aquellos/as profesionales que se quieran dedicar a este sector:
- Nuevo reglamento de extranjería, con duración de 50 horas. Homologado por el Colegio de Trabajo Social de Bizkaia.
- Menores Extranjeros no Acompañados: Acciones de Intervención Social, con duración de 60 horas (65€), homologado por el Colegio Oficial de Trabajo Social de Huelva.




