La vulnerabilidad en los menores en España: cómo intervenir desde el Trabajo Social

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La realidad de los menores en situación de vulnerabilidad en España y cómo actuar desde el Trabajo Social.

La vulnerabilidad de los menores en nuestro país

Cuando hablamos de vulnerabilidad infantil en nuestro país, no nos referimos a una simple etiqueta, sino a una situación real y cambiante que afecta a miles de niñas, niños y adolescentes. La vulnerabilidad no es una característica personal, sino un estado que puede aparecer (y desaparecer) según el contexto social, familiar y educativo en el que se desarrolla el/la menor.

En España, diversos estudios y encuestas como ESTUDES 2023 revelan datos preocupantes sobre los hábitos y riesgos en la adolescencia:

  • 75,9% de menores de 14 a 18 años han consumido alcohol alguna vez en su vida.
  • 28,2% ha practicado binge drinking (atracón de alcohol) en el último mes.
  • El 15,6% ha consumido cannabis recientemente.
  • El 20,5% presenta un uso problemático de Internet.
  • Y un 83,1% de adolescentes entre 14 y 18 años juega a videojuegos, de los cuales un 5,1% podrían tener un trastorno según el DSM-5.

Estas conductas de riesgo no afectan por igual a toda la juventud. Quienes crecen en entornos familiares desfavorecidos, con bajo nivel de renta, escaso apoyo familiar o escasa supervisión adulta, están mucho más expuestos/as. La pobreza, el desempleo, la falta de referentes y el conflicto familiar se convierten en ingredientes que aumentan el riesgo de sufrir problemas emocionales, conductas adictivas o trastornos mentales.

¿Qué entendemos por menores en situación de vulnerabilidad?

El Manual para la elaboración de protocolos de detección precoz e intervención breve con menores vulnerables del Ministerio de Sanidad define esta situación de forma clara: son menores cuyas circunstancias personales y sociales (edad, salud mental, entorno familiar, grupo de iguales, etc.) aumentan la probabilidad de sufrir consecuencias negativas que afecten su salud biopsicosocial.

Y lo más importante: la vulnerabilidad no es permanente, se puede modificar si actuamos a tiempo y desde los recursos adecuados. Ahí es donde entra en juego el Trabajo Social.

¿Cómo intervenir desde el Trabajo Social? Claves del protocolo

El manual propone un modelo de intervención breve y eficaz llamado SBIRT, siglas en inglés de Screening, Brief Intervention and Referral to Treatment (Detección, Intervención Breve y Derivación). Este enfoque ha demostrado ser muy útil tanto en atención primaria como en entornos comunitarios, educativos y sociales.

Fase 1: Detección precoz

El primer paso es identificar al menor en situación de riesgo. Para ello, se puede utilizar herramientas de screening o cribado que permitan detectar comportamientos problemáticos relacionados con el uso de sustancias, videojuegos, apuestas, etc.

Los/as trabajadores/as sociales tenemos un papel clave aquí, ya que solemos ser de las primeras figuras profesionales que detectamos cambios de conducta, ausencias en clase, conflictos familiares o señales de alerta en nuestras intervenciones.

Fase 2: Intervención breve o consejo motivacional

Una vez identificado el riesgo, el siguiente paso es ofrecer una intervención motivacional breve. Este tipo de intervención busca:

  • Generar conciencia del riesgo.
  • Acompañar sin juzgar.
  • Motivar al cambio de forma empática y realista.

Aquí es fundamental usar técnicas como la entrevista motivacional y adaptarnos al momento evolutivo del/la menor.

Fase 3: Derivación

Si durante la intervención detectamos que hay un riesgo elevado o signos de adicción, deberemos derivar a servicios especializados en adicciones, salud mental o protección infantil. La coordinación con salud, educación y entidades especializadas es clave.

Fase 4: Seguimiento

No basta con intervenir una vez. El seguimiento es esencial para reforzar los cambios positivos y acompañar al/la menor hasta alcanzar la mayoría de edad. En esta etapa, el Trabajo Social también facilita el acceso a recursos de ocio saludable, apoyo familiar, educación afectivo-sexual y habilidades sociales.

Algo interesante del protocolo es que nos permite actuar desde la prevención, con intervenciones tempranas, adaptadas al momento y a la persona. Y además, porque aprovecha los recursos comunitarios y profesionales ya existentes, como los Servicios Sociales de Atención Primaria, centros educativos o centros de menores.

El protocolo reconoce que no todas las conductas problemáticas requieren un tratamiento intensivo. A veces, una conversación bien dirigida puede marcar la diferencia.

La vulnerabilidad en la infancia y adolescencia no es una condena, es una señal de alerta. Y desde el Trabajo Social, tenemos herramientas eficaces y accesibles para detectarla y actuar. El modelo SBIRT es una propuesta útil y realista que pone en valor nuestra labor como agentes de prevención.

Como profesionales, debemos fomentar entornos protectores, intervenciones centradas en la persona y una mirada integral que reconozca el potencial de cada menor para que sea más resiliente y salir adelante.

Formación ante menores vulnerables

Tal vez, tras leer el artículo y el protocolo, te haya picado la curiosidad de la formación en este ámbito.

Aquí te facilito algunos cursos homologados que pueden ayudarte para seguir aprendiendo a cómo intervenir con menores:

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