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El caso real de Shelby Hewitt, una trabajadora social que se declaró culpable de varios casos criminales.
Venga, te dejo que te saltes alguna parte...
Shelby Hewitt: ser trabajadora social no significa ser buena persona
Normalmente, se cree que por ser trabajadora social, somos buenas personas… pero hay casos que hacen ver, que cómo en cualquier profesión, hay excepciones.
Hoy quiero hablarte del caso de Sheby Hewitt, pero como el suyo, también tenemos casos a nivel nacional.
Uno de los aspectos más perturbadores del caso es la trayectoria previa de Hewitt. Entre diciembre de 2021 y febrero de 2023 trabajó como trabajadora social en el Departamento de Niños y Familias. Es decir, conocía de primera mano los sistemas de protección, los protocolos y las debilidades del sistema.
Durante ese mismo periodo —o solapándose con él— comenzó a hacerse pasar por estudiante de secundaria. No una vez. No en un centro concreto. En tres institutos distintos de Boston, entre septiembre de 2022 y junio de 2023.
Para hacerlo, utilizó documentación falsa y adoptó dos identidades diferentes, una de ellas perteneciente a un menor que estaba, precisamente, bajo la tutela del propio sistema de protección infantil. Este detalle, por sí solo, debería hacernos parar y reflexionar.
El engaño no se descubrió por una confesión voluntaria. Fueron los equipos educativos quienes empezaron a detectar inconsistencias en los documentos presentados. Fechas que no cuadraban, historiales incompletos, datos contradictorios.
Cuando las dudas fueron suficientes, el personal del centro alertó a la policía. A partir de ahí, el castillo de naipes se vino abajo.
El juicio estaba previsto inicialmente, pero el proceso se alargó después de que Hewitt se retirara de un acuerdo de culpabilidad previo. Finalmente, optó por reconocer los hechos ante el tribunal.Hewitt aceptó declararse culpable de varios delitos graves: tres cargos por falsificación de documentos, un cargo por fraude de identidad y otro por haber presentado información falsa a un empleador. A cambio, la fiscalía retiró otros cargos que formaban parte del proceso judicial.
El acuerdo, finalmente aceptado por la jueza, contempla una sentencia de cuatro años de libertad condicional, pero las condiciones impuestas dicen mucho de la gravedad del caso. No se trata solo de una sanción simbólica: es una lista de límites claros que buscan evitar que algo así vuelva a repetirse.
Salud mental, responsabilidad y límites
En su declaración final, Hewitt expresó arrepentimiento por el daño causado y confirmó que seguía en tratamiento psiquiátrico y psicológico. Su defensa alegó que tiene antecedentes de enfermedad mental, incluido un trastorno de la personalidad diagnosticado y una historia de trauma emocional significativo.
Y aquí es donde el debate se vuelve complejo, especialmente para quienes trabajamos en lo social.
La salud mental explica, pero no justifica. Acompaña el análisis, pero no elimina la responsabilidad.
Precisamente por eso, la sentencia incluye la prohibición expresa de volver a trabajar en el ámbito del trabajo social o acceder a entornos escolares.
Contar este caso no es atacar al trabajo social. Es todo lo contrario.
Es recordar que el título no nos hace éticas, que la profesión no nos coloca por encima del bien y del mal, y que la responsabilidad profesional no se suspende por la historia personal de nadie.
Porque cuidar también es poner límites. Y porque proteger a las personas más vulnerables siempre debe estar por encima de proteger la imagen de la profesión.




