Aprender a usar la Inteligencia Artificial democratiza la sociedad

Inteligencia Artificial democratiza

 2 mins de aprendizaje


Sé que estoy muy pesado con aprender a usar la Inteligencia Artificial en Trabajo Social, pero es una obligación para democratizar.

La IA ya forma parte de nuestras vidas y también de nuestro trabajo en el ámbito social. Por eso, creo que es más importante que nunca que sepamos cómo funciona, para no quedarnos atrás, para poder opinar, para poder usarla de forma ética y justa, y sobre todo, para poder democratizarla y reducir la brecha tecnológica.

Hace tiempo que vi la película Justicia Artificial. La trama es la siguiente: en un futuro próximo, el Gobierno de España pretende sustituir a los jueces por programas informáticos de Inteligencia Artificial y quieren hacer un referéndum para que la población vote. Y aquí fue la primera cuestión, ¿cómo se va a votar algo si no se conoce?

De aquí, surge la idea de este artículo.

Entender la IA no es cosa solo de informáticos e informáticas

Durante mucho tiempo se ha vendido la idea de que la inteligencia artificial es algo muy técnico, reservado a personas expertas en programación o empresas tecnológicas. Pero esto no es del todo cierto. La IA ya está tomando decisiones que afectan directamente a personas, y muchas de esas personas están en situación de vulnerabilidad.

Por ejemplo, hay herramientas que priorizan a qué familias se les concede una ayuda económica, sistemas que analizan si una persona puede acceder a un alquiler social, o modelos que hacen seguimiento de menores en riesgo. Si no entendemos cómo funcionan esos sistemas, no podemos detectar si están siendo justos o no. No podemos levantar la mano y decir: “Oye, esto no está bien”.

Desde el Trabajo Social, defendemos los derechos de las personas, su dignidad, su acceso a oportunidades. Y eso solo lo podemos hacer si tenemos una mirada crítica también sobre las tecnologías que se están utilizando.

La tecnología también se puede (y se debe) democratizar

Otra razón por la que creo que es fundamental entender la IA es para que no quede en manos de unos pocos. Porque seamos sinceras: muchas veces estas herramientas las crean personas que no conocen de cerca la realidad social, ni cómo afectan sus decisiones a la vida cotidiana de la gente.

Democratizar el uso de la IA significa que trabajadoras sociales, educadoras, psicólogas, asociaciones y ciudadanía puedan formar parte de su diseño y uso. Que podamos adaptar herramientas, hacerlas más inclusivas, ponerlas al servicio de la intervención social.

No necesitamos ser expertas en informática, pero sí necesitamos saber lo básico para poder tomar decisiones, para saber cuándo una IA puede ser útil… y cuándo puede hacer daño. Sobre todo, para también enseñarla a las personas con las que intervenimos para que sean conscientes por qué estas herramientas toman estas decisiones.

Además, en los últimos días han salido varios artículos donde los jóvenes están usando ChatGPT en vez ir al psicólogo, porque es más económico. La pregunta es, ¿saben estos jóvenes por qué ChatGPT les da una u otra respuesta?

La IA también tiene género (y no siempre es justo)

Un tema que me preocupa especialmente es cómo la IA puede reproducir desigualdades de género. Muchos algoritmos están entrenados con datos históricos que ya contienen sesgos. ¿Y qué pasa entonces? Pues que la IA tiende a replicar lo mismo: discrimina a mujeres en procesos de selección, invisibiliza trabajos feminizados, o penaliza perfiles que no encajan en lo normativo.

Esto no es casualidad. La mayoría de personas que diseñan estas tecnologías son hombres, blancos y con formación en sectores muy alejados del social. Si no hay mujeres, si no hay perfiles diversos, si no hay profesionales del ámbito social implicadas en el proceso, es fácil que la IA acabe siendo injusta.

Por eso, creo que es clave que muchas más mujeres —y muchas más profesionales del ámbito social— tengamos formación en inteligencia artificial. Porque cuando participamos, la tecnología cambia. Se humaniza. Se vuelve más justa.

¿Y si no nos metemos en esto?

Si decidimos mirar para otro lado, la realidad es que la brecha digital y la desigualdad aumentan. Aunque tengo que decirte, ¿cuándo el Trabajo Social ha mirado hacia otro lado?. La IA seguirá avanzando, con o sin nosotras. Y eso significa que habrá decisiones importantes —sobre ayudas, recursos, intervención, salud mental, etc.— que se tomarán sin tener en cuenta a las personas que más las necesitan, o que no podrán defenderse si el sistema falla.

No saber cómo funciona la IA es renunciar a tener voz y poder de decisión en un ámbito que ya está marcando el presente (y no digamos el futuro). Y sí, somos esa profesión que da voz.

Aprender es también empoderarse

Aprender cómo funciona la Inteligencia Artificial, aunque sea a nivel básico, es una forma de empoderamiento. Nos permite usarla con criterio, detectar injusticias, proponer mejoras y no quedarnos en segundo plano.

En el ámbito social tenemos una gran responsabilidad: la de acompañar, proteger derechos y construir una sociedad más equitativa. Y hoy, para hacerlo bien, necesitamos también formarnos en nuevas tecnologías desde una mirada crítica, social y feminista.

Porque sí, la IA puede ser una gran herramienta… pero solo si la entendemos y la usamos con cabeza y con justicia.

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