¿Y si intervenimos en la naturaleza desde el Trabajo Social?

naturaleza trabajo social

 2 mins de aprendizaje


Hoy te propongo los beneficios que existen si cambiamos la naturaleza por los despachos en Trabajo Social.

¿Has oído hablar de la biofilia? Yo tampoco hasta que hace unos días leí sobre ello… y me animó a escribir este artículo.

La biofilia: ese amor innato por la naturaleza y los seres vivos que, según diversas teorías, forma parte de nuestra condición humana. Yo creo que no lo tengo muy desarrollado… pero sí es verdad que cuando camino por un campo o bosque… algo me conecta con la naturaleza.

Noto como baja el estrés, respiro mejor, pienso con más claridad. Y si esto es bueno, ¿por qué no iba a ser también una herramienta potente para las personas con las que intervenimos?

¿Qué es la biofilia y qué tiene que ver con el trabajo social?

La biofilia parte de una idea sencilla, pero poderosa: el contacto con la naturaleza mejora nuestro bienestar emocional, mental y social. No hablamos de algo “alternativo” o poco serio, sino de un enfoque respaldado cada vez más por la evidencia científica.

Durante la pandemia de la COVID-19, muchas profesionales tuvieron que replantear la forma de intervenir. Cuando los despachos se cerraron, los parques, plazas y paseos se convirtieron en espacios seguros para el acompañamiento social. Y, sin darnos cuenta, estábamos aplicando intervención social en la naturaleza.

La pandemia como punto de inflexión (y aprendizaje)

No fue una etapa fácil, especialmente en ámbitos como la protección infantil o el trabajo con familias. Aun así, surgieron prácticas muy valiosas: visitas caminando, encuentros en parques, contactos supervisados al aire libre, sesiones informales sentadas en un banco.

Sin embargo, pasado lo más duro, parece que hemos vuelto casi por inercia a los espacios cerrados y a la intervención virtual, incluso cuando ya no es estrictamente necesario.

Beneficios de la intervención social en la naturaleza

1. Mejora del bienestar emocional

La naturaleza tiene un efecto regulador sobre el sistema nervioso. Estar al aire libre puede reducir la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y favorecer una mayor apertura emocional. Para niñas, niños y jóvenes, además, responde a muchas necesidades sensoriales que a veces no sabemos cómo abordar en un despacho.

2. Facilita la relación de ayuda

Caminar lado a lado, sin contacto visual constante, reduce la sensación de interrogatorio. Muchas personas se sienten más cómodas hablando mientras pasean que sentadas frente a frente. Esto es especialmente útil en primeras entrevistas o con personas reticentes a la intervención.

3. Favorece la participación activa

Salir del entorno institucional rompe jerarquías implícitas. El espacio natural es más neutro, más horizontal. Esto empodera a las personas usuarias y favorece una relación más colaborativa.

4. Es una intervención accesible… aunque no igualitaria

La naturaleza es gratuita, sí, pero no todo el mundo tiene el mismo acceso a espacios verdes. Las personas que viven en contextos de pobreza o en barrios con menos recursos suelen tener más dificultades para disfrutar de estos entornos. Precisamente por eso, desde el trabajo social debemos reivindicar y priorizar este tipo de intervenciones.

¿Cómo incorporar la naturaleza en la práctica diaria?

No hace falta diseñar grandes programas para empezar. Algunas ideas sencillas y realistas:

  • Proponer paseos de 5 o 10 minutos alrededor del edificio.
  • Utilizar el patio o espacio exterior de una escuela o recurso.
  • Realizar sesiones breves en un parque cercano.
  • Integrar actividades al aire libre en intervenciones familiares.
  • Coordinar con otros recursos comunitarios para usar espacios verdes.

La clave está en que sea una decisión consciente, no solo una solución puntual o de emergencia.

Escuelas forestales y “recetas verdes”: ¿y el trabajo social?

En países como Reino Unido, las escuelas forestales están creciendo de forma notable, y ya existen las llamadas recetas verdes, donde profesionales prescriben contacto con la naturaleza como parte del tratamiento.

Esto no es una moda. Es una tendencia basada en evidencia. Y quizá el trabajo social, una vez más, tenga que ponerse al día y atreverse a mirar más allá de lo establecido.

En un contexto de recortes, sobrecarga y burocracia, no siempre podemos crear nuevas estructuras. Pero sí podemos cambiar la mirada. La intervención social en la naturaleza no sustituye otras metodologías, pero las complementa y enriquece.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *