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Si tienes que enfrentarte por primera vez a una entrevista en Trabajo Social, te explico cómo hacerlo paso a paso.
La primera entrevista en trabajo social es uno de esos momentos en los que la teoría se encuentra de golpe con la realidad. Delante tenemos a una persona que puede llegar preocupada, enfadada, nerviosa o con la esperanza de encontrar una solución inmediata. Y nosotras y nosotros tenemos que escuchar, obtener información, comprender la situación y empezar a construir una relación profesional.
Por eso, una primera entrevista no debería convertirse simplemente en una batería de preguntas. Como explican Teresa Rossell Poch y Pepita Rodríguez Molinet en La entrevista en el trabajo social, entrevistar implica observar, escuchar, comprender y facilitar que la persona pueda expresar sus dificultades.
Venga, te dejo que te saltes alguna parte...
¿Qué buscamos en una primera entrevista de trabajo social?
Aunque necesitamos recopilar información, ese no es el único objetivo. La entrevista en trabajo social tiene una dimensión relacional, técnica y procesual. Es decir, importa qué información obtenemos, pero también cómo establecemos la relación y qué ocurre durante ese encuentro.
De hecho, uno de los errores que podemos cometer es intentar responder inmediatamente a la petición que recibimos sin haber comprendido suficientemente la situación.
La primera entrevista debe ayudarnos a conocer a la persona, explorar su demanda y sus necesidades y establecer unas primeras bases para la intervención.
Paso a paso para hacer una buena entrevista en Trabajo Social
Paso 1. Prepara la entrevista
La entrevista comienza antes de que la persona se siente delante de nosotras o nosotros. Conviene conocer la información previa disponible, si la hay, y tener claro el marco desde el que vamos a trabajar: qué puede ofrecer nuestro servicio, cuáles son sus competencias y cuáles son sus límites.
El contexto institucional influye directamente en la relación profesional. A veces, las necesidades y expectativas de las personas no coinciden con los recursos o posibilidades del servicio. Tener esto claro desde el principio ayuda a evitar falsas expectativas.
Paso 2. Cuida especialmente la acogida
Los primeros minutos pueden marcar el desarrollo de la entrevista. No todas las personas llegan en las mismas condiciones. Podemos encontrarnos con alguien receptivo y dispuesto a hablar, pero también con una persona asustada, inhibida, enfadada, susceptible o emocionalmente desbordada.
Nuestra forma de recibirla, presentarnos y explicar qué vamos a hacer puede facilitar mucho la comunicación.
No se trata de seguir una fórmula perfecta. Se trata de crear un espacio profesional en el que la persona pueda empezar a explicar qué le ocurre.
Paso 3. Escucha la demanda antes de buscar soluciones
Imaginemos que alguien comienza diciendo: “Necesito una ayuda para pagar el alquiler”. Es fácil centrar inmediatamente la entrevista en comprobar requisitos y buscar prestaciones. Sin embargo, la demanda expresada no siempre coincide con todas las necesidades existentes.
Por eso es importante escuchar primero. Quizá la dificultad económica sea consecuencia de una pérdida de empleo. Puede que existan problemas familiares o que la persona carezca de una red de apoyo. No podemos saberlo sin explorar la situación.
Precisamente, diferenciar necesidad y demanda constituye uno de los elementos que las autoras consideran relevantes en los primeros contactos con las personas usuarias.
Paso 4. Explora la situación mediante preguntas
Una vez planteada la demanda, necesitamos ampliar información. Aquí las preguntas son una herramienta fundamental, pero cuidado: una entrevista social no es un interrogatorio.
Podemos comenzar con preguntas que permitan desarrollar el relato y utilizar preguntas más concretas cuando necesitemos aclarar algún aspecto.
También debemos respetar los ritmos. Ante determinados temas puede aparecer un silencio, una emoción intensa o cierta resistencia a responder. No siempre necesitamos llenar inmediatamente ese silencio con otra pregunta.
El objetivo de la exploración es disponer de información que posteriormente podamos analizar, categorizar y relacionar para formular hipótesis sobre la situación.
Paso 5. Observa, no solo escuches
Durante la primera entrevista en trabajo social recibimos información que va más allá de las respuestas concretas.
Las emociones que aparecen, la forma de explicar determinados acontecimientos o las dinámicas familiares que se describen también pueden ayudarnos a comprender la situación.
Eso no significa interpretar rápidamente cualquier gesto o comportamiento.
Una primera impresión es eso: una primera impresión. Necesitamos contrastar información y evitar conclusiones precipitadas.
Paso 6. Identifica necesidades, pero también capacidades
Cuando trabajamos con situaciones complejas es fácil elaborar mentalmente una lista de problemas.
Sin embargo, conocer una situación también significa identificar capacidades, recursos personales, relaciones de apoyo y posibilidades de cambio.
Este enfoque tiene especial importancia porque la intervención profesional no debería fomentar innecesariamente la dependencia de los servicios. El libro insiste en descubrir y fortalecer las capacidades de la persona entrevistada, favoreciendo su autonomía.
En otras palabras: no miremos únicamente lo que falta. Miremos también aquello con lo que podemos trabajar.
Paso 7. Comprueba qué has entendido
Después de escuchar y explorar, llega un momento especialmente útil: devolver a la persona una síntesis de lo que hemos comprendido.
Podemos resumir los aspectos principales y comprobar si nuestra interpretación inicial coincide con lo que quería transmitir.
Esto permite aclarar malentendidos y organizar una conversación en la que probablemente hayan aparecido muchos datos diferentes.
Además, ayuda a que la persona participe activamente en el proceso, en lugar de convertirse simplemente en una fuente de información.
Paso 8. Acordad qué ocurrirá después
No todas las primeras entrevistas terminan con una solución. Y no pasa nada. Quizá necesitemos ampliar información, realizar otra entrevista, valorar determinados recursos o continuar estudiando la situación.
Lo importante es que la persona sepa qué se ha acordado, qué puede esperar del servicio y cuáles serán los siguientes pasos.
También debemos evitar asumir todo el protagonismo. Una intervención adecuada busca promover la participación y responsabilidad de la propia persona en la resolución de sus dificultades.
Paso 9. Cierra la entrevista de forma clara
El cierre también forma parte de la intervención.
Antes de despedirnos podemos resumir brevemente lo trabajado, recordar los acuerdos alcanzados, resolver dudas y explicar cuál será el siguiente contacto cuando sea necesario.
Una fórmula sencilla puede ayudarnos: resumir → acordar → aclarar dudas → establecer el siguiente paso → cerrar.
Así evitamos que la persona salga pensando: “Bueno… ¿y ahora qué?”.
Errores frecuentes durante la primera entrevista
Algunas dificultades aparecen precisamente por querer hacerlo demasiado bien: intentar solucionar el problema demasiado pronto, realizar muchas preguntas consecutivas, centrarnos exclusivamente en cumplimentar documentación, confundir la demanda inicial con el conjunto de necesidades, sacar conclusiones con poca información o asumir responsabilidades que corresponden a la persona entrevistada.
Frente a esto, hay una idea especialmente útil: no necesitamos descubrirlo todo en la primera entrevista.
Una buena primera entrevista no consiste en rellenar todas las casillas
Cuando tenemos poco tiempo y mucha carga de trabajo puede resultar difícil llevarlo a la práctica, pero merece la pena recordar que detrás de cada expediente hay una persona intentando explicarnos una situación que, en ocasiones, ni ella misma sabe cómo ordenar.
La primera entrevista en trabajo social debería permitirnos comenzar a comprender esa realidad, obtener la información necesaria y establecer una relación profesional desde la que seguir trabajando.
Rossell y Rodríguez plantean precisamente la entrevista como el lugar donde los conocimientos teóricos y la experiencia profesional se llevan a la práctica de manera consciente e intencionada según las características y necesidades de cada persona.
Porque saber entrevistar no consiste solamente en saber qué preguntar. También implica saber escuchar, observar, comprender y decidir cuándo y cómo intervenir.
Si quieres profundizar más y necesitas una formación, te recomiendo este curso homologado: La entrevista en Trabajo Social, el arte de preguntar.




