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Descubre qué robots hay en el mercado para acompañar a personas mayores y cuándo desde el Trabajo Social debemos derivar a este tipo de recursos.
Aunque hace unos años estas preguntas parecían propias de una película de ciencia ficción, hoy existen robots diseñados específicamente para acompañar a personas mayores, facilitar sus rutinas y contribuir a mejorar su bienestar.
Países como Japón y Países Bajos llevan años investigando e incorporando estas tecnologías en residencias, centros de día y domicilios particulares.
Algunos robots tienen forma de animales, otros pueden mantener conversaciones y algunos están preparados para recordar a las personas cuándo deben tomar su medicación, alimentarse o realizar determinadas actividades.
Sin embargo, su utilización también plantea interrogantes importantes relacionados con la ética, la autonomía personal, la privacidad y el futuro de los cuidados.
Desde el Trabajo Social, resulta fundamental conocer estas herramientas, comprender sus posibilidades y analizar cuándo pueden convertirse en un recurso de apoyo adecuado.
Venga, te dejo que te saltes alguna parte...
5 robots que existen para la atención a personas mayores
1. PARO: una foca robótica para personas con demencia
País de origen: Japón.
PARO es uno de los robots terapéuticos más conocidos del mundo. Tiene apariencia de una cría de foca y está diseñado para interactuar con las personas mediante sonidos, movimientos y respuestas al contacto físico.
Su funcionamiento se basa en diferentes sensores que permiten detectar cuándo alguien lo acaricia, le habla o lo sostiene.
Este robot se utiliza principalmente en intervenciones con personas mayores que presentan deterioro cognitivo o demencia.
Entre sus posibles aplicaciones encontramos:
- Favorecer la estimulación sensorial.
- Facilitar la expresión emocional.
- Promover la interacción social.
- Contribuir a reducir determinados síntomas de ansiedad o agitación.
- Apoyar actividades de reminiscencia y estimulación cognitiva.
Una revisión sistemática publicada en 2023, que incluyó 12 estudios y 1.461 participantes, encontró resultados favorables en algunos síntomas psicológicos y conductuales asociados a la demencia. No obstante, los autores calificaron la calidad global de la evidencia como baja.
En España, el Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias del Imserso también ha trabajado con PARO como herramienta de intervención no farmacológica.
Valoración desde el Trabajo Social: puede ser un recurso complementario interesante en programas de atención a personas con demencia, especialmente cuando se integra en actividades supervisadas y adaptadas a las preferencias de cada persona.
2. Tessa: el robot que ayuda a mantener las rutinas diarias
País de origen: Países Bajos.
No todos los robots necesitan tener brazos, piernas o apariencia humana.
Tessa es un pequeño robot asistencial con apariencia de maceta que ha sido desarrollado para proporcionar apoyo verbal a personas con dificultades cognitivas.
Su objetivo principal es favorecer la autonomía y ayudar a mantener las rutinas cotidianas.
Por ejemplo, Tessa puede recordar a una persona que debe desayunar, beber agua, prepararse para una visita o realizar una actividad programada.
También permite configurar mensajes y determinadas preguntas de seguimiento mediante una aplicación.
Este recurso puede resultar especialmente interesante para personas que conservan la capacidad física de realizar actividades cotidianas, pero necesitan indicaciones para iniciarlas o recordarlas.
¿Qué puede aportar?
- Mayor estructuración de las rutinas.
- Recordatorios de actividades cotidianas.
- Apoyo para mantener hábitos de alimentación e higiene.
- Refuerzo de la autonomía personal.
- Coordinación de determinados apoyos entre profesionales y familiares.
No obstante, recordar una actividad no significa garantizar que se haya realizado correctamente. Por ejemplo, un aviso para tomar medicación no sustituye la supervisión cuando esta es necesaria.
Valoración desde el Trabajo Social: puede ser útil en intervenciones dirigidas a favorecer la permanencia en el domicilio, siempre que exista una valoración previa de las capacidades, necesidades y apoyos disponibles.
3. Zora: un robot para actividades en residencias
País de utilización destacado: Países Bajos.
Zora es un pequeño robot humanoide utilizado en experiencias de atención residencial a personas mayores.
A diferencia de PARO, que se centra especialmente en la interacción sensorial, Zora está orientado a participar en actividades grupales.
Puede realizar movimientos, reproducir mensajes y apoyar ejercicios físicos o dinámicas recreativas.
Su utilización se ha investigado en diferentes centros residenciales neerlandeses.
Un estudio publicado en 2019 analizó su implementación en 14 organizaciones de cuidados y 15 ubicaciones.
Los resultados identificaron oportunidades para favorecer la participación y desarrollar actividades, aunque también aparecieron dificultades técnicas, problemas de funcionamiento y necesidades de formación profesional.
¿Qué puede aportar?
- Dinamización de actividades grupales.
- Estimulación física y cognitiva.
- Participación en actividades recreativas.
- Introducción de experiencias innovadoras en centros residenciales.
- Apoyo a profesionales que desarrollan programas de envejecimiento activo.
Valoración desde el Trabajo Social: puede incorporarse como herramienta de dinamización comunitaria o grupal, pero su presencia no sustituye la intervención de profesionales capaces de identificar necesidades, gestionar conflictos y construir relaciones significativas.
4. BOCCO emo: un robot para conectar a personas mayores con sus familias
País de origen: Japón.
BOCCO emo es un robot de comunicación diseñado para facilitar la interacción entre las personas que viven en un domicilio y sus familiares o personas de apoyo.
Tiene un diseño pequeño y expresivo, y puede transmitir mensajes de voz, responder mediante sonidos y participar en determinadas interacciones.
Algunas versiones incorporan funciones de comunicación y seguimiento mediante aplicaciones y sensores.
Su utilización resulta especialmente interesante en situaciones en las que las personas mayores viven solas y sus familiares residen lejos.
Entre sus aplicaciones encontramos:
- Facilitar el intercambio de mensajes.
- Promover el contacto cotidiano con familiares.
- Proporcionar recordatorios.
- Apoyar determinadas funciones de seguimiento.
- Favorecer la comunicación en el domicilio.
En 2026, una versión de BOCCO emo participó en una investigación japonesa relacionada con la utilización de robots conversacionales en la atención domiciliaria.
Conviene señalar que la versión LTE comercializada por Necolico dejó de admitir nuevas contrataciones en julio de 2026, por lo que su disponibilidad debe comprobarse antes de plantear su adquisición.
Valoración desde el Trabajo Social: puede ser una herramienta complementaria para facilitar la comunicación familiar, pero no debe confundirse con un servicio profesional de teleasistencia ni considerarse una respuesta suficiente ante situaciones de riesgo o desprotección.
5. ElliQ: inteligencia artificial para conversar con personas mayores
País de desarrollo: Estados Unidos.
ElliQ es uno de los ejemplos más representativos de la incorporación de inteligencia artificial conversacional al acompañamiento de personas mayores.
Se trata de un dispositivo diseñado para interactuar mediante conversaciones, propuestas de actividades y recomendaciones adaptadas a determinados intereses y rutinas.
A diferencia de otros robots que responden únicamente cuando reciben una orden, ElliQ puede iniciar interacciones de manera proactiva.
Entre sus funcionalidades encontramos:
- Mantener conversaciones.
- Proponer juegos y actividades cognitivas.
- Facilitar videollamadas.
- Ofrecer recordatorios.
- Sugerir actividades relacionadas con el bienestar.
- Promover el contacto con familiares y amistades.
Un artículo científico publicado en 2024 describió experiencias de implementación de ElliQ en programas estadounidenses dirigidos a personas mayores.
Los resultados iniciales sugieren posibilidades interesantes para favorecer la interacción y abordar la soledad, aunque todavía es necesario disponer de más investigaciones independientes y de seguimiento prolongado.
Valoración desde el Trabajo Social: puede resultar especialmente interesante en proyectos de prevención de la soledad no deseada, siempre que se utilice para reforzar las relaciones sociales y no para sustituirlas.
Robots vs. personas: pros y contras
La incorporación de robots a los cuidados plantea una pregunta fundamental: ¿Estamos utilizando la tecnología para mejorar la atención a las personas mayores o para sustituir progresivamente el acompañamiento humano?
La respuesta depende, en gran medida, de cómo se diseñen, financien e implementen estas herramientas.
Ventajas de los robots asistenciales
1. Disponibilidad continuada
Algunos dispositivos pueden ofrecer recordatorios e interacciones durante diferentes momentos del día, incluso cuando no hay familiares o profesionales presentes.
2. Refuerzo de la autonomía personal
Determinadas herramientas ayudan a mantener rutinas y desarrollar actividades sin necesidad de recibir indicaciones constantes de otra persona.
3. Estimulación cognitiva y emocional
Los robots sociales pueden incorporarse a programas de estimulación, actividades recreativas y acompañamiento.
4. Apoyo a familiares y profesionales
Pueden facilitar determinadas tareas repetitivas, recordatorios y comunicaciones, liberando tiempo para otras actividades de cuidado.
5. Nuevas posibilidades de intervención
La robótica permite explorar modelos innovadores de atención domiciliaria, envejecimiento activo y apoyo a personas con deterioro cognitivo.
Desventajas y riesgos
1. Sustitución del contacto humano
El principal riesgo aparece cuando el robot deja de ser un complemento y se convierte en una justificación para reducir visitas, actividades comunitarias o atención profesional.
Una conversación con una inteligencia artificial no equivale necesariamente a una relación interpersonal significativa.
2. Dependencia tecnológica
Los fallos de conexión, las actualizaciones o las averías pueden interrumpir el funcionamiento de los dispositivos.
3. Privacidad y protección de datos
Algunos robots pueden recoger información sobre conversaciones, rutinas o comportamientos cotidianos.
Es imprescindible conocer qué datos se recopilan, dónde se almacenan y quién puede acceder a ellos.
4. Desigualdad económica y digital
La incorporación de estas tecnologías puede generar nuevas desigualdades si solamente determinadas personas pueden acceder a ellas.
5. Limitaciones para comprender situaciones complejas
Un robot puede recordar una actividad o mantener una conversación, pero no sustituye la valoración social, el juicio profesional ni la comprensión integral de las circunstancias personales, familiares y comunitarias.
¿Qué diferencia a una persona cuidadora de un robot?
La tecnología puede reproducir determinadas interacciones, pero el cuidado humano implica dimensiones que van mucho más allá de ejecutar tareas.
Cuidar supone escuchar, comprender, interpretar necesidades, reconocer emociones, construir confianza y acompañar procesos vitales.
También implica identificar situaciones de violencia, negligencia, aislamiento o vulneración de derechos. Por eso, el debate no debería centrarse exclusivamente en elegir entre robots o personas. La verdadera cuestión es cómo utilizar la tecnología para mejorar los cuidados sin deshumanizarlos.
Valoración del Trabajo Social: ¿cuándo derivar a un recurso como un robot?
Desde el Trabajo Social, la incorporación de robots asistenciales debe entenderse como una posible medida de apoyo (en un futuro próximo) dentro de un proceso de intervención social.
No todas las personas mayores necesitan un robot y tampoco todas las situaciones de soledad, dependencia o deterioro cognitivo pueden abordarse mediante estas tecnologías.
Antes de recomendar un dispositivo, resulta imprescindible realizar una valoración social individualizada.
1. Evaluar la situación personal y social
El primer paso consiste en conocer las circunstancias de la persona.
Algunas cuestiones relevantes son:
- ¿Vive sola o acompañada?
- ¿Dispone de una red de apoyo familiar o comunitaria?
- ¿Presenta dificultades para realizar actividades cotidianas?
- ¿Existen problemas de memoria o deterioro cognitivo?
- ¿Experimenta sentimientos de soledad no deseada?
- ¿Qué relación mantiene con la tecnología?
- ¿Qué necesidades expresa la propia persona?
Esta valoración debe contemplar tanto las dificultades como las capacidades, preferencias y recursos disponibles.
2. Identificar qué necesidad podría cubrir el robot
Uno de los errores más frecuentes en la incorporación de nuevas tecnologías consiste en seleccionar primero la herramienta y buscar después una necesidad que justifique su utilización.
Desde el Trabajo Social, el proceso debería desarrollarse en sentido contrario. Primero identificamos la necesidad y después valoramos qué recursos pueden contribuir a abordarla.
Por ejemplo:
Situación A. Persona mayor con dificultades para recordar rutinas
Una persona de 79 años vive sola, mantiene una autonomía física adecuada, pero comienza a olvidar determinadas actividades cotidianas. En este caso, podría valorarse un dispositivo como Tessa, siempre que las dificultades cognitivas no comprometan su seguridad y se mantengan los apoyos necesarios.
Situación B. Persona con demencia en un centro residencial
Una mujer de 86 años presenta episodios de agitación y dificultades para participar en determinadas actividades. Un robot terapéutico como PARO podría incorporarse a un programa de estimulación supervisado por profesionales.
Situación C. Persona mayor que experimenta soledad no deseada
Un hombre de 83 años vive solo y mantiene escasas relaciones sociales desde el fallecimiento de su pareja.
Un robot conversacional podría proporcionar momentos de interacción, pero la intervención social debería priorizar también el fortalecimiento de sus vínculos personales y comunitarios. En este caso, recomendar únicamente un robot sería una respuesta insuficiente.
3. Valorar la aceptación y el consentimiento
La edad no determina la capacidad para utilizar tecnología. Tampoco debemos asumir que todas las personas mayores desean incorporar dispositivos inteligentes a sus hogares.
Antes de recomendar un robot, es necesario explicar de forma accesible:
- Para qué sirve.
- Qué puede hacer y qué no.
- Qué información recoge.
- Quién tendrá acceso a esa información.
- Qué alternativas existen.
- Cómo puede dejar de utilizarse.
La decisión debe respetar la voluntad y las preferencias de la persona. Cuando existan dificultades para comprender la información, deberán proporcionarse los apoyos adecuados para facilitar la toma de decisiones.
4. Analizar si existen alternativas más adecuadas
Un robot no siempre es la mejor respuesta. En determinadas situaciones puede resultar más adecuado reforzar el servicio de ayuda a domicilio, facilitar el acceso a un centro de día, incorporar actividades comunitarias, promover redes vecinales o valorar un servicio de teleasistencia.
La elección debe basarse en las necesidades identificadas y no en el atractivo de la tecnología.
Especialmente ante situaciones de aislamiento social grave, riesgo de desprotección o necesidades intensas de cuidados, un robot no puede considerarse un sustituto de los apoyos humanos.
5. Incorporar el recurso al plan de intervención social
Cuando se considere adecuado, el dispositivo debería formar parte de un plan de intervención con objetivos concretos.
Por ejemplo:
Objetivo general: favorecer la autonomía personal y el mantenimiento de las rutinas cotidianas.
Objetivos específicos:
- Mejorar la organización de determinadas actividades.
- Facilitar la comunicación con familiares.
- Favorecer la participación en actividades.
- Reforzar la percepción de autonomía.
- Prevenir situaciones de aislamiento.
También será necesario establecer indicadores que permitan comprobar si el recurso está produciendo los resultados esperados.
Entre ellos podrían encontrarse el grado de satisfacción de la persona, la utilización real del dispositivo, los cambios en sus rutinas y la evolución de sus relaciones sociales.
6. Realizar seguimiento y revisar su utilidad
La intervención no termina cuando se instala el robot. Es necesario comprobar periódicamente si la persona continúa utilizando el dispositivo, si responde a sus necesidades y si aparecen dificultades.
También debemos observar posibles efectos no deseados. Por ejemplo, que la familia reduzca las visitas porque considera que la persona ya está acompañada o que se sustituyan actividades presenciales por interacciones exclusivamente tecnológicas.
Si el recurso no contribuye a los objetivos previstos, será necesario modificarlo o retirarlo.
¿Cuándo no sería recomendable utilizar un robot como principal recurso?
Desde una perspectiva profesional, conviene evitar que estos dispositivos se conviertan en la respuesta principal cuando existen:
- Necesidades de cuidados personales que requieren asistencia directa.
- Situaciones de riesgo inmediato para la integridad física.
- Indicios de maltrato, abandono o desprotección.
- Aislamiento social grave que requiere intervención relacional y comunitaria.
- Rechazo expreso de la persona.
- Dificultades de comprensión que impiden un uso seguro sin los apoyos necesarios.
En estos casos, la prioridad debe ser garantizar la atención profesional, la protección de derechos y los apoyos humanos adecuados.
Y tú, ¿crees que derivarás a un recurso cómo un robot en algún momento?
Algunos de estos ejemplos de uso de robots están sacados de mi libro «Manual de Inteligencia Artificial para Trabajo Social» que está disponible en Amazon.




